Porque todos sabemos que el concepto de “Estado”, a pesar de que atravesamos una crisis de identidad y respeto generalizada —producto de la globalización y el desdén institucional—, sigue siendo la forma dominante de entendimiento del mundo actual. Aunque solo unas pocas naciones gigantes lograron consolidarse en el mundo moderno —Estados Unidos, China, Rusia, India, y quizás también Pakistán, Brasil y Australia, entre muy pocas más—, el Estado continúa siendo el único agente capaz de ejercer el control interior y la defensa exterior para sostener el “puzle” de naciones —con Estado o sin él— que conforman la marcha del mundo globalizado.
Para instalar un Estado palestino a partir del actual Estado de Israel —que lleva 76 años de existencia, contando con los apoyos y recursos necesarios— habría que reducir el Estado judío a una primera federación internacional, desarmarlo y someterlo a un control minucioso por parte de tropas provenientes de las grandes potencias, legitimadas por la ONU. Esto implicaría suprimir, quizá, su soberanía aérea, establecer el control de sus aguas territoriales, y poner en marcha un pequeño Estado palestino: redactar una Constitución, definir a quién se le entrega el poder central, y sostener —en términos políticos y económicos— el compromiso de dos países que, desde el inicio, se jurarían un “odio eterno”, similar al que se profesaban Roma y Cartago.
Todos entendemos también que el presidente Macron —licenciado en Filosofía y Letras por París-Nanterre, autor de una tesis doctoral sobre Hegel, graduado en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, y formado en la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA), cuya titulación es muy parecida a la conseguida por nuestro presidente Pedro Sánchez— conoce perfectamente que el Estado palestino que acaba de reconocer es una quimera. Es una ilusión con frágiles puntos de apoyo, que necesita del respaldo de las grandes potencias mundiales para adquirir siquiera un leve y finísimo barniz de realidad.
Posiblemente Trump no sepa nada de esto —¡ni falta que hace!—, porque su determinación realista hacia el Estado de Israel, aunque negativamente explicada, se basa en el respaldo de la U.S. Army. Todo es cuestión de esperar… a ver qué pasa. ¿Qué está pasando en Gaza? Pues casi nada.
Excepto que 14.000 niños y bebés corren el peligro, al mismo tiempo, de morir de hambre, mientras la mayoría de los palestinos están condenados a alimentarse de hierbas y pienso para animales.
La Coruña, 25 de septiembre de 2025
Mariano Cabrero es escritor




