Ciudad de Nueva York – David Andersson
A medida que la flotilla comienza a ser atacada por Israel, necesitamos aclarar y reenfocar nuestra atención en lo que realmente está en juego.
Entre los Principios de Acción Válida de Silo , hay uno que dice: «No te opongas a una gran fuerza. Retírate hasta que se debilite y luego avanza con determinación». Vale la pena recordar este principio en momentos como estos.
David Sawson, en su artículo » Cómo no detener un genocidio «, criticó a la Flotilla Global Sumud, cuestionando su estrategia y si realmente podría detener el genocidio en Gaza. Muchos artículos describen la flotilla como una «acción no violenta», pero el término se usa con mucha ligereza. ¿Qué hace que esta acción sea genuinamente no violenta? ¿Es realmente apropiado confrontar al actual gobierno israelí, en un momento en que dedica la mayor parte de su energía a los bombardeos diarios? ¿Se considera no violencia el mero hecho de hacer algo contra la violencia?
Al mismo tiempo, debemos reconocer la valentía de quienes han optado por navegar hacia el peligro. Enfrentarse a drones militares y a la posibilidad de prisión o muerte no es un acto trivial. Su compromiso de asumir riesgos por el pueblo de Gaza merece respeto. Sin embargo, la valentía por sí sola no convierte una acción en no violenta en el sentido estratégico y transformador que la historia nos ha demostrado.
Ni siquiera estoy seguro de si todos los marineros se consideran no violentos. ¿Han estudiado la tradición de la no violencia? ¿Cuánto saben de Tolstói, Gandhi y Martin Luther King Jr.? ¿Cuánto trabajo interior han realizado? La no violencia no es una catarsis espontánea ante el horror; es una práctica profunda y estratégica, basada en el estudio, la transformación personal y una visión de futuro.
Calzarse unas zapatillas y caminar por la calle con un cartel no te convierte necesariamente en un activista no violento. La no violencia cuenta con siglos de experiencia. En todo el mundo, se han desarrollado métodos, estrategias y marcos que requieren estudio y adaptación a los conflictos actuales. Cada nueva etapa de la historia ha exigido mayor complejidad, disciplina y creatividad a quienes se dedican a ella. El propio Silo vinculó la no violencia con el desarrollo personal: superar el sufrimiento, transformar el propio entorno y encarnar la coherencia entre la acción y la vida interior.
Hay quienes dicen que no deberíamos criticar a quienes «al menos hacen algo». Pero, según esa lógica, ¿deberíamos también evitar criticar las protestas antiinmigrantes en el Reino Unido o al movimiento ultraderechista AfD en Alemania, ya que actúan «democráticamente»? Hacer algo no basta: lo que se hace, cómo se hace y con qué consecuencias es lo que realmente importa.
Existen graves deficiencias para que la flotilla se entienda como un auténtico movimiento no violento. Su estrategia mediática es débil, reducida a los lemas de «alto el fuego» y «ayuda humanitaria», que poco logran movilizar o involucrar al público global en general. Su estrategia política sigue siendo vaga; enmarcada como una confrontación directa con Israel, la iniciativa corre el riesgo de verse socavada incluso antes de comenzar. Incluso la dimensión humanitaria es precaria: como ya demuestran los ataques con drones israelíes contra los barcos, lo que se presenta como ayuda puede convertirse rápidamente en vulnerabilidad.
Lo que más me preocupa es que, a medida que el mundo se vuelve más complejo, la gente en Occidente insiste cada vez más en verlo todo como simple. Se arraiga la creencia de que cualquiera puede hacer cualquier cosa, sin conocimiento, sin estudio, sin compromiso, sin perseverancia. Nuestra sociedad de consumo prospera vendiendo esta ilusión: si estás enfermo, tómate una pastilla; si quieres actuar, descarga una aplicación; si quieres ser rico, hazte viral en redes sociales. Y ahora, en la misma línea, si quieres «practicar la no violencia», simplemente súbete a un barco.
Nada más lejos de la realidad. No existe la no violencia barata. La no violencia requiere esfuerzo, inteligencia, perseverancia y, sobre todo, fe en el futuro y en la humanidad. Es inseparable del autoconocimiento y la transformación personal. No es una táctica de conveniencia, es una forma de vida.
Todas las referencias icónicas de la no violencia —Tolstói, los cuáqueros, Gandhi, Martin Luther King Jr. y el movimiento por los derechos civiles, Silo y el Nuevo Movimiento Humanista— se caracterizaron por una profunda dedicación. Unieron un análisis agudo, claridad moral y una chispa creativa que transformó la visión en acción contundente. Ese es el legado que debemos honrar y el camino que debemos seguir hoy.
Si el mundo quiere detener el genocidio, no necesitará gestos simbólicos sino la fuerza organizada, disciplinada y profunda de la verdadera no violencia.

David Andersson
es escritor y humanista radicado en la ciudad de Nueva York. Se centra en temas de justicia global, conciencia colectiva y transformación no violenta. Codirige la Agencia de Prensa Internacional Pressenza y es autor de The White-West: A Look in the Mirror, una colección de artículos de opinión que examinan las dinámicas de la identidad occidental y su impacto global. CounterPunch, denikreferendum.cz, Mobilized News, Countercurrents, LA Progressive y Dissident Voice han publicado su obra reciente. Muchos de sus artículos se han traducido a más de cinco idiomas.
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